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martes, 11 de julio de 2017

BiblioteCas



Dibujos de violencia y amor: la vida maldita de la sobrina de Freud


Martha Freud fue conocida no solo por ser la sobrina del padre del psicoanálisis sino también por ilustrar hermosos cuentos para niños.


La autora infantil Tom Seidmann-Freud (1892-1930) es una de las artistas de culto del siglo XX

Su tío Sigmund decía que “estaba un poco loca” debido a su forma de actuar. Se trataba nada más ni nada menos que de Martha Freud, una de las mejores ilustradoras de libros infantiles de todos los tiempos.
Al día de hoy, sus obras son tan importantes que serán expuestas en la muestra “Documenta”, en Alemania; junto a ellas también se revelará su fuerte historia de vida, que terminó muy prematuramente a los 37 años luego de cometer un suicidio.
Según revela Infobae, Martha Freud solía vestirse como varón en “ciertas ocasiones” y firmar con el nombre de Tom Seidmann-Freud, un pseudónimo masculino que surgía de sus apellidos de casada y soltera, respectivamente.
La ilustradora tenía 19 años cuando comenzó a estudiar arte, paralelamente, realizó los dibujos para sus dos primeros libros: “La pequeña nube” y “El jardín del dolor”. Sus dibujos habían llamado la atención de los críticos, quienes los describían como “pintorescamente feos y geniales”.
Desafortunadamente, Martha Freud comenzó a padecer tragedias desde muy joven; luego de casarse con su esposo Yankel y tener a su primera hija, falleció uno de sus mejores amigos y su hermano Theodor, estos hechos marcaron no solo su vida personal sino también profesional y artística.
Paralelamente, Martha y su esposo, que trabajaban juntos en asuntos editoriales, conocieron al escritor Jaim Najman Bialik, con quien luego iniciaron una sociedad que dio origen a la editorial Ophir, que quebró con la crisis económica del ’30.
Desafortunadamente, los problemas financieros llevaron a Yankel a suicidarse, abandonando así a Martha y su pequeña hija de seis años.
Pocos meses tuvieron que pasar para que, finalmente, Martha dejara de comer, como consecuencia de la tristeza y la pena que sentía por la muerte de su marido. Finalmente, el 7 de febrero de 1930, la sobrina de Freud se suicidó tomando pastillas.
Luego de su fallecimiento, todos sus dibujos y obras fueron recopilados por su hermana Lilly y guardados dentro de una caja por temor a que fuesen destruidos por el Nazismo. Tuvieron que pasar muchos años para que, finalmente, el arte de Martha vuelva a manos de sus progenitores y pueda ver la luz en la exposición “Documenta"

A los 15 años, y ya con la familia trasladada de Viena a Berlín, Martha adoptó Tom como nombre y comenzó a vestirse a la manera masculina. Como futura estudiante de arte, no quería que el género fuese un obstáculo para la trascendencia de sus trabajos.
Sus creaciones, tras estudiar arte en Londres, se encuadraron rápidamente en el Jugendstil, el nombre alemán con el que se conoció el Art Nouveau o modernismo. Poco después, en 1920, conoció a Jakob Seidmann, con quien se casó 2 años después. Estuvieron juntos para siempre.
Con unas composiciones delicadas pero firmes en el trazo y una acuarela colorista, comenzó a hacerse un hueco en el panorama editorial. Publicó libros de cuentos como Kleine Märchen (La pequeña hada) oDie Fischreise (El viaje del pez). En 1924 llegaría Buchder Hasengeschichtenel libro de las historias de las liebres.



El mismo año que apareció El viaje del pez, los Seidmann conocieron en Berlín a Jaim Najman Bialik, el gran escritor y traductor judío que se proponía llevar la mejor literatura del mundo a los niños de Palestina, en hebreo. Bialik estaba encantado con El viaje del pez. En poco tiempo, la amistad se convirtió en sociedad y los tres montaron con mucha ilusión la editorial Ophir (que era el nombre de una tierra bíblica de grandes riquezas, desde donde se cree que le llegaba cada tres años un cargamento de oro, plata, piedras preciosas, marfil, monos y pavos reales al rey Salomón), precisamente con la idea de crear y recrear la mejor literatura infantil en hebreo.




El estilo de ilustración de Tom Seidmann-Freud cambió. Abandonó los lineamientos del Jugendstil para tomar los de la Nueva Objetividad (Neue Sachlichkeit), el arte moderno que reinaba durante la República de Weimar, con sus líneas más geométricas, sus tonos más claros y el uso de colores delicados y hasta transparentes.

Comenzaron a traducir al hebreo y a ilustrar clásicos de Andersen y de los hermanos Grimm y el giro en el estilo y el diseño también se adueñó de los contenidos, ya que por una cuestión ideológica introdujeron en los relatos la idea de un judaísmo socialista con el que soñaban. También hubo revolución en el tema de género, ya que las diferencias entre niñas y niños en las ilustraciones se hicieron menos notorias.



Los títulos del catálogo (libros de literatura de diferente tipo, incluso libros móviles, pero también fabulosos textos de pedagogía y metodología para leer, escribir y también para realizar operaciones matemáticas) comenzaron a circular y obtenían excelentes comentarios en el grupo de artistas e intelectuales más refinados. Hasta Walter Benjamin (quien también es objeto de una muestra en Documenta, Kassel) escribió elogiosamente sobre los libros de Ophir. Pero desfortunadamente no alcanzó con el entusiasmo, ni con la retórica y los elogios.



A la muerte de Tom, su hermana Lily reunió todos sus bocetos, dibujos, pruebas de color y notas, colocó los materiales en una enorme caja sellada y la guardó. Con la llegada del nazismo, desaparecieron del mercado la mayoría de los libros de las editoriales de los Seidmann, por lo que algunos de los dibujos más bellos del mundo ingresaron en la oscuridad. Muchos de los miembros de la familia Freud (incluida la madre de Tom, Mitzi y otras tres hermanas), murieron en campos de concentración y el resto de los integrantes del clan padeció diferentes formas del desarraigo para sobrevivir.

Cuando Lily murió, en 1978, la caja sellada con la obra de Tom llegó a manos de Angela, que vivía en Israel y que había cambiado su nombre por el nombre hebreo de Aviva, que se traduce como primavera o renovación. Su apellido, entonces, ya era el de su esposo: Hariri.




Imposible no imaginar las emociones que habrá sentido esa mujer en el momento en que se reencontró con la obra de su madre, un tesoro fabuloso que comenzó a divulgar y que difundió hasta su muerte, ocurrida en 2011. Hoy son sus tres nietos (Amnon Harari, Ayala Drori y Osi Gevim) quienes cuidan la memoria y la obra de aquella ilustradora extraordinaria, que a los 37 años sintió que su vida no era y nunca sería un cuento de hadas y pensó que ya no tenía sentido seguir adelante.

La obra de Tom Seidmann-Freud hoy cotiza en alza: la artista maldita y sufrida se convirtió en artista de culto. Sus dibujos se venden en subastas, sus libros comienzan a reeditarse (hace unos años, cada bebé en Tel Aviv recibía un librito publicado por la municipalidad con canciones de Bialik y dibujos de Tom Seidmann-Freud) y los expertos se engolosinan con sus diversas técnicas y hablan de folk art y surrealismo o comparan alguno de sus estilos con la modernidad de Miyazaki, el creador de El viaje de Chijiro.

El alma del arte estuvo a oscuras y en una caja sellada, durante 50 años. Ni la locura, ni los nazis ni la muerte por mano propia lograron apagar el brillo de ese tesoro en colores. La obra de Tom sobrevivió al Holocausto y regresó para enamorarnos a todos.













 Martha Tom Freud con su hija