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sábado, 9 de julio de 2016

Libros para los días feriados.

La idiosincrasia del héroe de la novela norteamericana, a lo largo de toda su existencia, ha sido tan alabada como desmitificada, por completo, en los diferentes estadios literarios. Pero es a partir de finales de los años cincuenta, cuando nace -en contraposición al personaje casi mítico, que sale airoso de su hero’s quest- el antihéroe. Por lo general, así es como se ha comportado el personaje principal de la historia literaria en Estados Unidos de los últimos sesenta años.
En The Swimmer[1], el ya histórico relato de John Cheever, Ned Merrill se embarca en un viaje por todas las piscinas del condado, y se da de bruces con la lacerante realidad. Perdidas ya la sinceridad y la capacidad comunicativa, el universo que descubre Ned -en cada viaje catártico que supone atravesar una piscina- es una suerte de sinfonía desconcertante de la vida actual, irreal e imposible. La prolongación del american dream que podría suponer ese viaje termina, de súbito, chocando con esa realidad, cuando el (anti)héroe llega a su casa.




Continuidad de los parques es un cuento del escritor argentino Julio Cortázar (1914-1984). Este cuento, que es un ejemplo del realismo mágico o realismo fantástico, invita al lector a introducirse en él. Apareció por primera vez en la segunda edición del libro Final del juego, de Editorial Sudamericana






El jugador (en ruso: Игрок, Igrok) es una novela de Fiódor Dostoyevski escrita en 1866 y publicada en 1867 sobre un joven tutor empleado por un antiguo general ruso. La novela refleja la propia adicción de Dostoyevski al juego de la ruleta durante su estancia en Wiesbaden, presentada como la ciudad ficticia de Roulettenbourg de la novela,1 y su pasional estadía en Europa con Apollinaria (Polina) Prokófievna Súslova, de quien se enamoró perdidamente.1
Dostoyevski completó su obra bajo condición del cumplimiento de un plazo que, mediante un contrato, le impuso el editor Fiódor Stelovski para que escribiese una novela para el 1 de noviembre de 1866. En caso de incumplimiento de dicho plazo, el editor se quedaba con los derechos de autor de todo lo que escribiera Dostoievski durante los próximos nueve años.2 En el tiempo récord de 26 días el autor dictó El jugador a la taquígrafa Anna Grigórievna Snítkina, que meses después se convertiría en su segunda esposa









El Mármol
César Aira
A falta de cambio, el cajero de un supermercado chino le ofrece al protagonista de esta novela que elija entre un montón de naderías. Resignado, el hombre manotea al azar unas pilas chinas, un ojo de goma con luz, una tabla de proteínas, una hebilla dorada, una cucharita lupa, un anillo de plástico y una cámara fotográfica del tamaño de un dado. Ignora que al salir lo espera una aventura, y que a esos objetos que cree inútiles podrá darles una función insólita en cada capítulo de sus andanzas.
Las novelas de César Aira convocan a un lector dispuesto a jugar con él el juego de la improvisación. Con la irreverencia de un niño y la inocencia de un artista genial, Aira consigue lo imposible: crear la sensación de que lo que cuenta va naciendo, frase a frase, en el puro presente del lector.
Heredero de las vanguardias del siglo XX, César Aira encontró en sus procedimientos un atajo hacia la fuente primordial de la narración y, con más de sesenta novelas publicadas, ha creado una obra entregada al riesgo y tocada por la gracia de una rara libertad.





Los veinte relatos que conforman este libro tienen diversa procedencia: algunos fueron publicados en pequeñas editoriales de Buenos Aires (inencontrables hoy), otros fueron premiados en diferentes ediciones de la Semana Negra de Gijón, y el resto fueron siendo publicados en revistas y antologías varias.





El halcón maltés (título original en inglésThe Maltese Falcon) es una de las más conocidas novelas de Dashiell Hammett. Icono de la novela negra y policíaca, fue publicada en 1930 poco después de La llave de cristal y forma, junto con esta, la parte más popular de su obra.
El Halcón Maltés, que da nombre a la novela, es una supuesta estatuilla con figura de halcón incrustada de piedras preciosas que los caballeros de la Orden de Malta regalaron al emperador Carlos V en 1530. La novela se desarrolla en la ciudad de San Francisco, donde un puñado de delincuentes, no todos traficantes de arte, siguen la pista a dicha joya.
Sam Spade, el protagonista de El halcón maltés, es, sin duda alguna, el personaje más conocido de Dashiell Hammett. Detective privado que hace gala de la dureza y brutalidad de un hombre acostumbrado a abrirse camino a codazos en los ambientes más hostiles y que parece apreciar menos la propia vida que el dinero.
Esta novela de Dashiell Hammett dio origen a la película del mismo nombre realizada por John Huston en 1941, protagonizada por Humphrey BogartMary Astor y Peter Lorre.





Sin contar es una de esas joyas literarias y estéticas que todo editor sueña publicar. 
Se trata de un libro de miniaturas poéticas, o haikus, de W. G. Sebald con grabados del pintor alemán Jan Peter Tripp, amigo suyo desde la infancia. «El proyecto de hacer un libro en común había nacido ya hacía algunos años; la finalidad que se exponía era que texto e imagen no se explicaran ni se ilustraran el uno al otro, sino que entablaran un diálogo en el que cada uno tuviera su propia resonancia. Hasta poco antes de su muerte, Sebald le fue enviando a su amigo en la Alsacia sus textos, de cuya composición definitiva se encargó Jan Peter Tripp él solo. Sin embargo, orden y rítmica se rinden al capricho estético que en última instancia proviene del material mismo. Ahora este poema de las miradas se ha convertido en un legado», señala en el epílogo Andrea Köhler.
Algunas de las miradas que encontramos en el libro son de Javier Marías, Borges, Proust, Samuel Beckett, Truman Capote o el propio Sebald. 
La fuerza expresiva de los grabados de Tripp unida a la sencillez de los poemas hacen de este libro una obra fundamental para entender el universo personal de Max Sebald.






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