Roxana Salpeter, responsable del hotel (VHO) e hija de los actuales propietarios, encargó una investigación histórica a Ricardo Watson y Lucas Rentero, quienes visitaron la zona, revisaron archivos, recolectaron fotografías, entrevistaron a pobladores y antiguos huespedes, así como a los nuevos, cuyo común denominador es la literatura. 
 
"Nos pusimos a trabajar en los textos, a ordenar el material, darle vida a capítulos que, además, reflejaran el espíritu del hotel, que perdura en el tiempo", comenta Paola Lucantis, coordinadora general de este libro, recién publicado por Planeta.
 
"Además de la parte histórica -menciona-, hay anécdotas curiosas, también un apartado gastronómico (por Ruly Kumeresky) que incluye recetas, la arquitectura del lugar (con forma de pentágono), las características del balneario y la vida cultural, todos pilares del hotel, sobre los que hicimos hincapié al pensar en los textos, redactados por Florencia Fragasso". 
 
También se incluyeron cuentos de Mariana Enríquez, Mariana Mariasch, Cecilia Pavón, Pedro Molina Temboury y Dani Umpi, que habían sido producidos en el hotel en un encuentro literario que tuvo lugar en 2005.
 
Y se invitó a Guillermo Saccomanno, para que escribiera el prólogo: El proyecto de Abraham Salpeter hace veinte años, según cuenta el escritor, "era convertir el VHO en un hotel de características inusuales en la costa atlántica. (...) Tuve la impresión de que no era un hotelero quien me contaba un sueño, sino un lector apasionado".
 
"No es casual que hoy el hotel disponga de una biblioteca en la que comparten un espacio aquellos que aquí se hospedaron y aquí escribieron, desde Saint-Exupéry y Bioy Casares hasta Briante y Fogwill", apunta Saccomanno.
 
Sobre el frente marino, entre 1913 y 1914 se levanta el Hotel Termas Ostende (hoy, Viejo Hotel Ostende), "que pronto se convertirá en el alojamiento de los pioneros y por sus habitaciones pasarán personajes de todo tipo.
 
La historia se sumerge en las raíces, del lugar poblado originalmente por etnias het, posiblemente un término quechua que definía a esos habitantes de las pampas en un itinerario que llega hasta la caída de Rosas cuando se acelera la enajenación del territorio fiscal y los campos se vuelven propiedad privada.
 
Felicitas Guerrero -una joven de la sociedad porteña que fue baleada por Enrique Ocampo, un admirador enamorado de ella- era  dueña de la estancia Juancho Viejo, territorio que hoy  corresponde a Pinamar, Ostende, Valeria del Mar, Cariló y Madariaga. Y su hermano se hace cargo de esos campos.
 
La llegada del ferrocarril irá transformando esas tierras, donde arriban pioneros como el belga Ferdinand Robette, cuya familia había hecho fortuna vendiendo ajenjo en Bruselas y proyectaba levantar un balneario similar a los de la costa de Flandes.
 
Aquí conoció al italiano Agustín Poli, y tras una exploración del litoral marítimo, dieron con el sitio ideal para sus fines en la franja costera de los campos de la familia Guerrero: 3 a 4 kilómetros de médanos `vivos` (esto es, con desplazamiento propio según la dirección del viento) que constituían la bisagra natural entre los enormes latifundios del Tuyú y el mar.
 
"El 31 de mayo de 1912, un decreto presidencial firmado por Roque Sáenz Peña y publicado unos días más tarde en el Boletín Oficial habilitaba un punto de desembarco en la costa y autorizaba a la empresa Pueblo y Balneario de Ostende para que diera comienzo a las obras (...) Y casi un año después, el 6 de abril, tuvo lugar la fundación del balneario", precisa el libro. 
 
Profusamente ilustrado, el volumen incluye fotografías en blanco y negro que transportan al lector a aquellos primeros tiempos y otras en color que muestran los cambios suscitados en distintos sectores, que mucho tiempo estuvo a merced de los vientos y una arena que al trasladarse de un lugar a otro provocaba, inconvenientes tales, como la clausura de algunos salones. 
 
Es que la falta de experiencia para fijar las dunas, y la improvisación como recurso en esos primeros años causaron más de un sobresalto entre aquellas familias, que comenzaron a hacerse habitués del lugar.
 
Diversos recuadros dan vida a algunos acontecimientos ocurridos a lo largo de los años, como la llegada de ballenas, un servicio de excursiones que organizaba el hotel en carreta para ir al faro o a la estancia de los Martínez Guerrero. También se puede observar un pintoresco mural realizado por Miguel Rep en febrero de 2010 y postales de distintas temporadas.
 
Al principio fue muy común alquilar casillas de madera en la playa: "Eran muy sencillas y algunas podían ser muy pequeñas. Cada diciembre había que desenterrarlas con la ayuda de varios hombres y a fuerza de pala, porque no había máquinas que se encargaran de esta tarea", se describe. Bastaba una sudestada para tener que volver a levantarlas.
 
"Abraham caminó por el laberinto de habitaciones de techos altos, por la sala de música, el comedor enorme, el patio trasero: sintió lo que ocurre en los torbellinos, un rechazo violento y una atracción simultánea", describe el periodista y escritor Cristian Alarcón sobre el dueño del hotel, esa primera impresión que contra viento y marea él supo hacer realidad.