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martes, 22 de diciembre de 2015

Julio CortaZar Y carole Dunlop. Una historia De amor

Julio Cortázar conoció a Carol Dunlop, su último amor, en Canadá en 1977 y se casaron en 1981. Juntos realizaron numerosos viajes, e incluso escribieron un curioso libro.

Hacia finales del mes de mayo de 1982, Julio y Carol deciden pasar treinta y tres días en la autopista París-Marsella, deteniéndose en todos los paraderos que encuentren a su paso, a bordo de una vieja y destartalada furgoneta Volkswaguen de color rojo, a la que apodan Fafner y que se convertirá a lo largo de un mes en una casa rodante cuyo equipaje consistirá en víveres, utensilios de aseo, ropa, libros, una cámara de fotos, dos máquinas de escribir y algunas cintas de música.

Los pormenores de este viaje están relatados en el libro “Los Autonautas de la cosmopista”. El libro, a modo de bitácora, se divide en pequeños capítulos encabezados por un Diario de ruta, donde se especifica el horario del día y lo sucedido. Cada capitulo incluye un dibujo o fotografías hechas por ellos, además de los textos escritos por Julio o por Carol.

El libro comienza con ellos contando cómo se les ocurrió la idea del viaje, cómo lo fueron aplazando por diferentes motivos y cómo, por fin, tras numerosos preparativos, aprovisionamiento de víveres y la complicidad de algunos amigos, inician el viaje a finales del mes de mayo de 1982.

A medida que el relato avanza podemos conocer a la pareja Julio y Carol, a algunos de sus amigos, lo que sienten, lo que piensan, sus miedos, sus incertidumbres y los nombres con los que se llaman cariñosamente: el Lobo y la Osita. El viaje concluye el 27 de junio de 1982.

Carol murió pocos meses después, el 2 de noviembre de 1982, a los 36 años, víctima de leucemia. Cortázar viajó por última vez a Argentina para despedirse, volvió a París, donde murió, a la edad de 69 años, también de leucemia, el 12 de febrero de 1984.

Carlos Polimeni, autor del libro “Cortázar para principiantes” publicado en el 2006, cuenta que Carol sabía que Cortázar estaba gravemente enfermo de leucemia y que Julio también sabía que su amada tenía los días contados, pero que ambos decidieron no contarle al otro la verdad.

Cortázar fue enterrado en el cementerio de Montparnasse junto a Carol Dunlop. La lápida y la escultura que adornan la tumba fueron hechas por sus amigos, los artistas Julio Silva y Luis Tomasello. Es costumbre dejar una copa o un vaso de vino y una hoja de papel o un billete de metro con una rayuela dibujada o una piedrita para jugar a la rayuela.

Antes de morir, Cortázar terminó solo el libro “Los autonautas de la cosmopista” y le dedicó el epílogo a su mujer:





"Lector, tal vez ya lo sabes: Julio, el Lobo, termina y ordena solo este libro que fue vivido y escrito por la Osita y por él como un pianista toca una sonata, las manos unidas en una sola búsqueda de ritmo y melodía.

Apenas terminada la expedición, volvimos a nuestra vida militante y partimos una vez más a Nicaragua donde había y hay tanto que hacer. También allí encontramos felicidad, ya no solos en los paraderos del París-Marsella sino en el contacto diario con mujeres, hombres y niños que miraban como nosotros hacia delante. Allí la Osita empezó a declinar víctima de un mal que creíamos pasajero porque en ella la voluntad de la vida era más fuerte que todos los pronósticos, y yo compartía su coraje como siempre compartí su luz, su sonrisa, su enamorada vivencia del sol, del mar y de la esperanza en un futuro más hermoso. Volvimos a París llenos de planes: terminar juntos el libro, dar sus derechos de autor al pueblo nicaragüense, vivir, vivir todavía más intensamente. Siguieron dos meses que nuestros amigos llenaron de cariño, dos meses en que rodeamos a la Osita de ternura y en que ella nos dio cada día ese valor que nos iba abandonando. La vi emprender su viaje solitario, donde yo no podía ya acompañarla, y un 2 de noviembre se me fue de entre las manos como un hilito de agua, sin aceptar que los demonios dijeran la última palabra, ella que tanto los había desafiado y combatido en estas páginas.

A ella le debo, como le debo lo mejor de mis últimos años, terminar solo este relato. Bien sé, Osita, que habrías hecho lo mismo si me hubiera tocado precederte en la partida, y que tu mano escribe, junto con la mía, estas últimas palabras en las que el dolor no es, no será nunca más fuerte que la vida que me enseñaste a vivir como acaso hemos llegado a mostrarlo en esta aventura que toca aquí a su término pero que sigue, sigue en nuestro dragón, sigue para siempre en nuestra autopista".

Post –scriptum (diciembre de 1982)

Esto corresponde a las últimas paginas del libro “Los autonautas de la Cosmopista”, escrito por Julio Cortazar y Carol Dunlop. Julio murió poco más de un año después, fue seguramente en busca de su compañera de viaje...


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