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martes, 9 de febrero de 2016

Masa y Poder Elias Canetti. un escritor estimulanTE

Elias Canetti (Rusçuk, ciudad del Imperio otomano, ahora Ruse, en la actual Bulgaria25 de julio de 1905 - Zúrich,14 de agosto de 1994), escritor y pensador en lengua alemanaPremio Nobel de Literatura en 1981.1 2 3




  • A nada teme más el hombre que ser tocado 
    por lo desconocido. Desea saber quién es el 
    que le agarra; le quiere reconocer o, al menos, 
    poder clasificar. El hombre elude siempre el 
    contacto físico con lo extraño.
    Elias Canetti,
    Masa y poder
    El antropólogo Clifford Geertz, en el ensayo que abre su interesante libro Conocimiento local, señala que el pensamiento social contemporáneo se ha venido reconfigurando de modo tal que los géneros, antes nítidos y precisos, ahora son indefinidos y sus ambiguos contornos generan formas inconclusas e inclasificables. ¿Lo que hace Sartre sobre Flaubert o Beckett sobre Thoreau es crítica literaria o una indagación filosófica? Borges presenta con minuciosidad empírica sugerentes fantasías proporcionando, incluso, notas bibliográficas y aclaraciones al pie; Lévi-Strauss realizó un tratado antropológico bajo la apariencia del recuento de un viaje; James Watson hilvanó polémicas metodológicas como si fuesen memorias personales y Edward Said esgrimió argumentos ideológicos convertidos en estudios historiográficos. A esta estirpe policroma pertenece la obra de Canetti. ¿Cómo podríamos catalogar una obra magistral como Masa y poder? ¿Es un ensayo, una novela, un testimonio o un estudio académico? 
    Desde la óptica de un trabajo académico, alguien podría objetar la total carencia de las referencias que normalmente pueblan los textos técnicos y que suelen emplearse como soportes o apoyos para esta o aquella proposición. Sin embargo, las reflexiones que enlazan y estructuran Masa y poder muestran un impecable razonamiento y ostentan una envidiable solidez. Pero, en efecto, es un libro especial y denso, no es para un lector casual o desatento ya que exige interés y vigilancia. Si se tiene la disposición para ir avanzando por sus casi quinientas páginas, los beneficios comenzarán a evidenciarse y las recompensas serán múltiples. Este comentario no implica que se trate de un texto farragoso u oscuro; es, por lo contrario, estimulante y lúcido. Desde su inicio, con el párrafo que me sirve de epígrafe, el lector es puesto en alerta mediante una afirmación inquietante. 
    La idea general de Masa y poder es simple: el individuo no es ni se comporta igual aislado que dentro de una sociedad o al interior de una masa. Para cualquier sociólogo o psicólogo social esto es un enunciado elemental sin mayores consecuencias. La novedad en el análisis canettiano estriba, empero, en cómo intenta analizar la génesis, desarrollo y dinámica del comportamiento de las masas. En este intento, justamente, se aparta Canetti de los estudios convencionales o académicos para producir una obra heterodoxa. 
    La primera mitad de su análisis atiende a la dinámica de los diferentes tipos de masas; la segunda se concentra en las formas y en las causas que hacen que las masas acaten órdenes. A pesar de que Canetti, por ejemplo, consideraba a Hitler como un enfermo paranoico, le fascinaba su figura histórica por el tamaño de las masas que lo seguían y por el rigor ciego con que se cumplían sus órdenes.
    La masa, como una prolongación ontológica del individuo, manifiesta algunas de las propiedades de éste: se angustia, se excita, se protege, se enriquece, se desarrolla y fenece. A diferencia de los individuos aislados y aunque esté constituida por ellos, la masa opera como una entidad autónoma y obedece a un determinismo disímil. La agresión exterior a la masa, por ejemplo, sólo podría fortalecerla, mientras que un ataque interno podría implicar un peligro extremo. Un sujeto frágil, por contraste, sucumbiría de inmediato a una amenaza externa aunque, acaso, una embestida interna podría fortalecerlo o transformarlo. Combatir al enemigo interno, de cualquier modo, es una labor harto difícil y con frecuencia dolorosa.
    Canetti hace un intento de división de la masa y describe sus propiedades primordiales: 1) La masa siempre quiere crecer. Su crecimiento no posee un límite impuesto por naturaleza. 2) En el interior de la masa reina igualdad. Según Canetti, todas las exigencias de justicia y todas las teorías de igualdad, obtienen su energía de esta vivencia de igualdad que cada uno conoce a su manera a partir de la masa. 3) La masa ama la densidad. Esto es, no hay densidad que le alcance. Nada debe interponerse ni permanecer fluctuando; en la medida de lo posible todo debe ser ella misma. 4) La masa necesita una dirección. La masa sólo existe mientras exista una finalidad inalcanzada. Su movimiento siempre es hacia algo aunque en algún momento se modifiquen o retrasen sus metas. 
    Como puede apreciarse, esta división refiere al crecimiento de la masa; sin embargo, Canetti también distingue, en cinco prototipos, a las masas por su contenido emocional o la dominante afectiva. Así, la masa de acoso se constituye teniendo como objetivo la consecución de una meta con toda rapidez. Ésta le es familiar y se encuentra próxima, sale a su encuentro con toda decisión y podría matar de ser preciso. La masa de fuga se instaura por unaamenaza. El peligro que lo acecha a uno es el mismo para todos. Se encuentra en un espacio determinado y no establece diferencias. La masa de prohibición la instituyen sus propios miembros y es repentina. Podría ser una prohibición antigua que ha sido un tanto olvidada, una que se resucita cada cierto tiempo o una enteramente nueva; en todos los casos, empero, golpea contundentemente. El mejor ejemplo de esta masa, nos dice Canetti, es la huelga. Los propios trabajadores, acostumbrados a un ritmo laboral, deciden suspender todo para conseguir un propósito. Dentro de la propia huelga es menester que cada uno respete la consigna de prohibición y que, llegado el momento, se levante la prohibición a la que la masa debe su propia existencia. En una masa de inversión se requiere de una sociedad estratificada. La limitación de ciertas clases entre sí, en las que unas gozan de más privilegios que otras, va generando paulatinamente la necesidad de una inversión. La clase que se recrea con una posición en la cúspide, va a imponer derechos y obligaciones a los que están por debajo de ella. "Toda orden, asegura Canetti, deja en aquel que está obligado a ejecutarla un penosoaguijón" (ver el texto de Andreas Kurz, pp. 4 y 5 de este suplemento). Justamente, la masa cuya descarga consiste primordialmente en una liberación conjunta de "aguijones-órdenes", podría denominarse como masa de inversión. Canetti ilustra a este tipo de masa con el movimiento revolucionario que tomó la Bastilla en Francia en mayo de 1789. Finalmente, una masa festiva se genera cuando se experimenta un sentimiento general de bienestar, común a las fiestas y que de algún modo garantiza otras celebraciones en el futuro próximo. "Una fiesta llama a la otra, y por la densidad de objetos y de hombres se multiplica la vida." 
    En la dinámica de las propiedades descritas se encuentra la diferencia central entre una masa y una muta. Esta última es la forma de unidad más antigua, son hordas de reducido número donde "el crecimiento y la densidad son ficticios aunque la igualdad y la direccionalidad existen". Lo característico de una muta es su imperturbable dirección y la igualdad se expresa en que todos están poseídos por la misma meta como, por ejemplo, cuando un grupo se prepara para cazar un animal que ha sido avistado.
    Naturalmente, preguntarse sobre los porqués del comportamiento masivo o colectivo es tan viejo como la misma humanidad ¿Por qué, entonces, la urgencia de Canetti por responder a esta interrogante? Canetti escribió su obra en los años cincuenta, cuando la llamada Guerra fría estaba en su máximo y el mundo aún estaba tratando de lidiar con las consecuencias del Holocausto. ¿Qué podrá hacer una masa o grupo industrializado por otro? En numerosos pasajes, no es difícil advertir la ansiedad de Canetti en las líneas de su prosa. Quizá en la comprensión de los movimientos colectivos Canetti buscaba disminuir sus propias preocupaciones. Su libro no es un mero ejercicio intelectual sino, ante todo, una reflexión existencial; se trata de estudiar a las masas y el poder que las mueve como una proyección de la problemática del propio ser que, aglutinado, conforma una masa. 
    LOS INDIVIDUOS Y EL OTRO
    El ser humano, como una instancia diferente de la naturaleza, aunque surge a partir de ella, se autoconstituye, más allá de los determinismos biológicos, en colectividades que comienzan a desenvolverse asumiendo formas y dinámicas singulares. Por un lado, la persona es la mínima expresión de la humanidad y, por tanto, es un reducto de individuación, de la capacidad para asumir decisiones, compromisos, valores, obligaciones y pensamientos; por otro, su nexo e integración con otros constituye masas que imponen arbitrios y lazos de un orden mayor. 
    El gesto individual, de aparente autonomía y sagacidad, se disuelve al incorporarse, en una especie de alquimia social, a un organismo superior que genera comportamientos colectivos que enfrentan las amenazas, que persiguen la cohesión y el crecimiento, que pretenden, sobre todo, preservar su identidad. Aunque el ser se recrea desde sí mismo y se autorregula para accionar sobre el mundo, su inserción en los moldes de una masa lo marcan y trastocan. La urdimbre de usos y costumbres de una sociedad no es materia meramente individual. No es dable "escurrirle el bulto" a lo colectivo; cada ser se teje y entreteje incesantemente en una trama social que le exige y lo supera. Como dijera Ortega y Gasset, yo soy yo y mi circunstancia y la circunstancia humana, sin duda, son esos otros que me implican y me rodean.
    Es virtualmente imposible cuadricular en este espacio la enorme riqueza contenida en las ideas, analogías, sugerencias, elipsis, comparaciones, ilustraciones, observaciones y comentarios que Canetti desglosa a lo largo de su libro. Analiza masas de todo tipo y las trata de clasificar como si fuese un dedicado entomólogo de la sociedad.
    La bibliografía de Canetti asombra por su diversidad, se apoya en antropólogos, sociólogos, filósofos, novelistas y poetas, economistas e historiadores; sorprenden también, sin embargo, ausencias notables como Freud, Marx o Lévi-Strauss. La exclusión fue deliberada. Canetti no quería que el lector se sesgara por rutas conocidas y llegara a metas de algún modo anticipadas. En Masa y poder no hay juicios de valor, sentencias absolutistas ni se apela a ningún autor como autoridad para sustentar enunciados. No se expone doctrina alguna ni se ponderan modelos. Canetti no pretendía persuadir de una mirada en particular sino que invita a que el lector construya su propia perspectiva. Su texto, como lo exige un óleo, requiere que el lector-observador descubra su propio punto de fuga para poder ordenar el sentido de lo mirado. El libro no es un vehículo de convencimiento sino una máquina de reflexión, una fábrica de deliberación, y cada vez que se pone en marcha producirá un resultado novedoso. 
    Aunque Canetti nunca pretendió evangelizar, sí gustaba de instigar en el lector la subversión de los órdenes. Masa y poder es una invitación a la meditación pero contiene un espíritu insurrecto. Las masas están insertas en un sistema de órdenes universalmente admitido. Aunque dicho sistema fue diseñado y puesto en juego por vez primera en los ejércitos, la civilización se ha caracterizado por el acatamiento a la orden en todos los ámbitos. Desde siempre han existido dominados y dominantes, y quien ejerce el poder posee el instrumento más poderoso de todos: la facultad de matar. Pero en ello no hay fatalismo; las palabras con las que Canetti cierra su texto muestran plenamente su carácter agitador: "quien quiera reducir el poder, debe mirar la orden de hito en hito sin temor y encontrar los medios para despojarla de su aguijón".
    Canetti trata de vulnerar nuestras certezas más arraigadas y las problematiza instigando nuestro deseo de repensarlas. Canetti, al igual que el tiempo, disuelve en el éter las sólidas aristas de los hechos y nos invita a indagar y a descubrir.

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